Me siento profundamente conectada a las formas orgánicas. Siempre vuelvo a ellas, trabajando constantemente con la yuxtaposición de complejidad y simplicidad. A veces jugando con saturación y repetición, y otras con minimalismo y elegancia. He experimentado con formas abstractas y orgánicas para ver cuáles me resultan más cómodas para tocar y, al mismo tiempo, cuáles producen una calidad de sonido diferente.

¿Por qué sonido? Cuando tuve mi primera experiencia trabajando con barro empecé a darme cuenta de que una vez que la pieza estaba seca, podía distinguir cuán delgada o gruesa era la pared golpeando ligeramente y escuchando el diferente sonido que producía. Aprendí que es a través de la manipulación de los materiales que se descubren sus cualidades sonoras.

Los colores y formas orgánicas del trabajo invitan al público a acercarse y jugar con la pieza. Los sonidos producidos al interactuar con las esculturas atraen a los espectadores a explorar las posibilidades de la manipulación.